| Necesitamos “ser” discípulos y “hacer” discípulos. ¿Por qué? |
Cuando traemos a un recién nacido del hospital a la casa, no sentamos al bebé y le decimos: “Bienvenido a la familia, esta es tu casa. Las toallas están en el clóset del pasillo, los pañales al lado de la cuna, el abridor de latas está en una de las gavetas de la cocina, y no queremos llanto después de las 10:00 de la noche. Si tienes alguna pregunta puedes preguntar a cualquier miembro de la familia, hay mucha gente dispuesta a ayudarte, no tengas miedo de preguntar”.
Puedes pensar que esto es ridículo, pero es lo que muchas veces les pasa a los nuevos creyentes. Muchos aceptan a Jesús y comienzan a asistir a la iglesia pero no reciben atención personal. Dedicamos 18 años para criar y educar a nuestros hijos, y también necesitamos dedicar tiempo para ayudar a un nuevo creyente cuando apenas comienza a entender el mundo espiritual. Cuando eso no se hace nos encontramos que personas que han sido cristianos muchos años pero no han crecido y madurado lo suficiente (Heb. 5:12).
Muchas veces se dedican solo algunas semanas para adoctrinar a un interesado, tratando de convencerlo de nuestra fe. Podemos hacernos expertos en la explicación racional de nuestras verdades, mientras que olvidamos al Autor y Centro de toda verdad. Tristemente, cuando eso ocurre no somos discípulos de Jesús, solo un grupo de personas convencidas en aspectos fundamentales de doctrina de las Escrituras, enfocando siempre lo que nos diferencia de los demás cristianos y formando una atmósfera de orgullo por poseer y entender la luz que otros no tienen, pero...
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| ¿Es esto discipulado? No, en nada beneficia esto al discípulo. |
Hay dos lagos grandes en Israel. El mar de Galilea, y el mar Muerto. El mar de Galilea tiene un número de ríos que corren hacia él por el norte y tiene una salida al sur hacia el río Jordán. El mar de Galilea es hermoso, lleno de vida en abundancia de peces, aves, etc. Por otro lado el mar Muerto solo tiene ríos que corren hacia él, no tiene salida de agua, nada fluye hacia afuera. Esto trae como consecuencia que el contenido de minerales y sales se concentre de tal manera que nada puede vivir en sus aguas. Por esta razón le llaman el mar Muerto. Como cristianos no podemos parecernos al mar Muerto. No debemos pasar toda la vida sentados en las bancas de la iglesia escuchando al predicador. Tenemos que conocer la doctrina, dominarla a la perfección, pero también experimentarla en la vida cristiana, aprender de sus experiencias y entonces compartirla con otros. Si nos beneficiamos del conocimiento y la experiencia, pero nunca permitimos que otros se beneficien, entonces somos como el mar Muerto; nuestro objetivo debe ser parecernos al mar de Galilea, compartiendo con otros el maravilloso conocimiento que tenemos de un Salvador que vino a morir por nosotros, resucitó y nos ofrece la vida eterna en un mundo nuevo, sin pecado, dolor ni muerte. |
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| “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues él es el Padre que nos tiene compasión y el Dios que siempre nos consuela. Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros” (2 Cor. 1: 3,4). |
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| Dios no quiere que acumulemos todo lo que Él nos ha enseñado. Él quiere que lo usemos para ayudar a otros a crecer en la vida cristiana, y es lo que la iglesia de Hialeah trata de vivir cada día. Este proceso es discipular. |
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