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“¡Alabad a Dios en su Santuario! ¡Alabadlo en la majestad de su firmamento!... Todo lo  que respira alabe al Eterno! ¡Alabad al Señor!" (Salmos 150:1,6)
Desde nuestra creación fuimos hechos con el propósito de alabar y glorificar el nombre de nuestro Creador. Así como la oración tiene un papel importante en la comunicación con nuestro Padre, la alabanza y adoración juegan también un papel preponderante en la relación diaria con Dios. El simple hecho de estar agradecidos a Dios por su obra salvadora, o de tener un corazón accesible para que el Espíritu Santo obre en nuestras vidas, es el resultado de una vida llena de gratitud, alabanza y adoración hacia nuestro Creador. En el libro de Salmos, el capítulo 107, el Salmista abre el capítulo diciendo: "Alabad al Señor porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios, porque es placentero y hermoso alabarlo". Es sencillo, alabamos el nombre de Dios, no porque Él lo exige, sino porque le amamos, pues nos ha cambiado, porque nos ha dado vida, salud, trabajo, familia, una iglesia, libertad para adorarle; y la lista sigue, porque cuando el Creador se manifiesta en todo aspecto de nuestra vida, nosotros, sus criaturas, lo mínimo que podemos hacer es alabarle, adorarle, glorificarle y rendirle nuestra total obediencia.

La alabanza y adoración a través de la música

Nuestro propósito: Alabarle con todo nuestro ser pues Él nos ha salvado. La iglesia está comprometida al uso poderoso del canto y la participación del pleno de la iglesia en las alabanzas. Los diferentes departamentos dentro del Ministerio de música apoyan constantemente los cultos y eventos de nuestra iglesia como señal de un pueblo agradecido y listo para el retorno de nuestro Redentor.

Nuestra misión: Hacer de la alabanza y la adoración, a través de los himnos y los cantos, herramientas poderosas para su uso fuera de la iglesia. Nos hemos acostumbrado cantar solamente dentro del templo, pero se nos ha olvidado el poder de la alabanza en nuestro diario vivir. Es un medio por el cual nos podemos mantener en constante comunicación con el cielo.

Como nuevo miembro, ya sea como miembro o como visita, ¿qué puedo hacer para integrarme y ser partícipe de las alabanzas?

  1. Procure una actitud positiva a la hora de cantar, pues es la hora de alabar el nombre de Dios. Es un momento de comunicación con nuestro Padre. "Él se goza en medio de las alabanzas de su pueblo".
  2. Al entrar al templo traiga ofrenda de gratitud y adoración. Esta actitud lo que promueve es la participación de todos y no entrar para ser entretenido por algunos desde la plataforma.
  3. Esté dispuesto a aprender nuevos himnos y cantos. El Ministerio de música constantemente busca incorporar nuevas formas de alabanzas, con el objetivo de traer nuevas experiencias a través de nuevos cantos, y no caer en la monotonía de siempre lo mismo.
  4. Continúe alabando el nombre de Dios en sus cultos familiares, el culto personal, en su carro, el trabajo y comparta con otros la bendición que es alabarle en todo tiempo y lugar.
  5. Involúcrese en los diferentes ministerios dentro del Ministerio de música. Se cuenta entre otros con el coro adulto, coro de jóvenes, orquesta, sonido, computadoras, reproducción y venta de discos compactos. Si usted desea involucrarse en uno de estos ministerios, por favor diríjase al ministro de música de la iglesia.
  6. Si usted piensa que no es apto para ser parte de un ministerio musical, no se desanime, que el simple hecho de su alabanza diaria, ya sea en la congregación o en su vida personal, es lo suficientemente poderosa para darle paz interior, y poder continuar en este mundo imperfecto, pero con la seguridad de que algún día estaremos alabando y adorando al Todopoderoso, cara a cara.
Es nuestro mayor anhelo que al regocijarnos juntos en las cosas hermosas que el Señor ha hecho en nuestras vidas, podamos también hacerlo a través de los himnos, coritos y alabanzas, y así tener un cristianismo alegre y coherente, que busca ensalzar el nombre de nuestro Creador. Una vez más, ¡bienvenido!, mi hermano, mi hermana, es un gusto tenerles en nuestra congregación.